Parte 2 de 6. En la anterior vimos que gana el que se deja ver. Hoy, por qué a ti te cuesta tanto.
En el email anterior hablamos de algo que no gusta: no gana el que más sabe, gana el que se deja ver. Pero tú no te dejas ver.
La pregunta es por qué. Que es la clave de este email.
Puedes pensar que es porque no tienes fuerza de voluntad, y claro, ves a mucha gente publicando como locos en redes sociales y te hace sentir peor.
Pero no te preocupes, no funciona así. Vas a ver que el motivo es muy tonto.
El vago no llega a las nueve de la noche con la cabeza como un bombo de tanto trabajar. Tú sí.
Trabajas más que la mayoría. Vas a eventos, tienes reuniones, aprendes nuevas tecnologías… No paras.
Así que olvídate de que el motivo sea que eres un vago.
Tú sabes que publicar en redes sociales lleva un montón de tiempo.
Eso sí, en tu cabeza, hacer una publicación es una cosa. Pero no es así, son muchas cosas, es toda una cadena para conseguir tener una publicación publicada.
Se te ocurre la idea. Tienes que acordarte de ella más tarde. Sacar un rato. Sentarte. Abrir el ordenador. Pelearte con la pantalla en blanco. Escribir algo decente. Dudar de si vale. Buscar una imagen. Al final, publicar.
Que esto suena a una cosa, pero no, también son varias. Publica en LinkedIn, en X, en Threads, en Instagram, …
Cada paso es una puertecita. En cada una puedes abandonar. Con que te quedes en una puerta, ya no hay post publicado.
Es una cadena que se rompe por cualquier eslabón. A la mínima te quedas sin publicación.
Basta con ser una persona normal con un día normal que lo más seguro es que te quedes a medias.
Pero todavía hay más, por si la cadena de cosas a hacer no fuera suficiente.
Aquí entra en juego otro problema, el momento.
Porque cuando se te ocurren las ideas buenas que merecen la pena ser publicadas, no es sentado en el ordenador de tu casa con una hoja de Word en blanco durante 2 horas. Eso no pasa nunca.
Se te ocurren conduciendo. Saliendo de una reunión con la cabeza caliente. En la ducha. Justo cuando tienes las manos ocupadas y no puedes pararte a escribir.
El rato para escribir llega en otro momento. Por la noche, cuando ya estás reventado de todo el día. O al día siguiente, con otras cuatro reuniones encima.
Son dos trenes. Pasan por la misma estación, pero a horas distintas. Nunca coinciden. La idea buena y el momento de escribirla son cosas totalmente distintas.
Esto funciona así, ¿qué le vamos a hacer?
Cuando por fin te sientas en tu casa tranquilamente con el ordenador, ya casi ni te acuerdas de lo que paso, solo se te viene a la cabeza un 20 % de lo que querías escribir.
Aquella idea maravillosa que tuviste en el coche ahora no te dice nada. Como suena soso, lo dejas para luego. Ese luego no vuelve. Se murió tu idea y la cadena se rompió. No hay publicacion.
Mañana será otro día.
Te pongo un ejemplo tonto que te va a sonar. Sales de una comida con un cliente con el que llevas años trabajando. Salen unas conversaciones brutales. Sois dos cracks hablando.
De la que vuelves al coche, en el aparcamiento, se te ocurre una idea buenísima para explicar algo que en tu sector la gente desconoce por completo.
Esa idea salió de estar conversando con una persona, una historia en vivo. Algo digno de publicar para conectar con tu comunidad.
Clarísima.
Piensas: de aquí sale un pedazo de post.
Llegas a la oficina motivado para ponerte a escribir, pero según llegas, te salen dos urgencias que no puedes dejar para luego.
A las ocho de la tarde, cuando por fin abres el ordenador para escribirlo, te acuerdas de que tenías una idea buena, pero no de cuál era. O si te acuerdas de cuál era, ya no te acuerdas de todo, solo de una parte y ya pierde la gracia.
Se te ha ido y con ella el post.
Pero aquí está lo que de verdad hace daño. No es que se te escape un post, nos pasa a todos. Es lo que te dices a ti mismo cada vez que pasa.
Ves a otro publicando todos los días en redes sociales sin fallar y te te tiras un poco de culpa. Te repites la misma frase:
“Se me da fatal esto, los demás pueden y yo no, soy un desastre”
Lo dices tantas veces que te lo crees.
Lo único que consigues es que acabe frenándote más esa mentalidad que la falta de tiempo. Llegas a un punto que ya ni lo intentas.
¿Para qué? Si se te da mal.
No tiene nada que ver con eso.
Ni es falta de disciplina, ni es que seas un vago, ni es que se te dé mal.
Es un problema de diseño. La forma con la que lo intentas le pide a tu yo reventado de la noche que haga el trabajo que se le ocurrió a tu yo despierto de la mañana.
Eso de base está mal, no suena bien.
Y un problema de diseño no se arregla apretando los dientes ni motivándote un domingo para hacerlo bien durante la semana. Eso vale para 2 o 3 semanas y las redes sociales requieren constancia.
No puedes tener mal el sistema de base y pretender ser constante con ese sistema. Es imposible.
Se arregla cambiando el sistema.
No cambiándote a ti. Tú estás bien.
En el siguiente email vamos con lo que has intentado para arreglarlo. Porque seguro que lo has intentado. Pero no funcionó.
Índice del curso completo a continuación:


